Barbastro, desde que fuera fundada en el
siglo X, ha venido desempeñando el papel de capital del Somontano,
o de la Barbatanya, como se la conocía en época musulmana.
Su localización geográfica la convirtió desde
entonces en capital administrativa con vocación comercial,
papel que ha venido desempeñando hasta la actualidad.
Éste es un recorrido alrededor de su historia, de sus personajes
y de las huellas que dejaron en la ciudad.
En la capital del Vero también puede tomarse el sendero GR 45, por
el que es posible acceder, a pie o en bicicleta, a las localidades de Burceat
y Cregenzán.
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Conjunto
de San Julián y Santa Lucía
Este conjunto monumental constituye la puerta de entrada al Somontano.
Concretamente en las dependencias del antiguo hospital se encuentran la
Oficina de Turismo, punto de partida e información, y el Espacio
del Vino de la Denominación de Origen Somontano.
La iglesia gótica de San Julián se construyó en el
siglo XVI. Fue rehabilitada y equipada como Centro e Interpretación
del Somontano, donde se presenta la comarca a través de un original
diaporama.
La Catedral de la Asunción es el monumento más emblemático
de la ciudad. La ambiciosa construcción de principios del siglo XVI,
fue un proyecto ciudadano financiado por el propio Concejo Municipal. El
resultado fue un templo de grandes dimensiones y planta de salón,
en el que las tres naves presentan la misma altura, dando lugar a un espacio
interior diáfano, equilibrado y a la vez majestuoso.
Del retablo mayor destaca el espectacular basamento de alabastro, obra de
Damián Forment y de su discípulo Juan de Liceire.
A partir del siglo XVII el templo se enriqueció con nuevas capillas
de las que destacan las dos de los pies, ambas obras del barroco pleno,
ya del siglo XVIII.
La torre se levanta exenta al norte de la cabecera de la catedral,
quizá porque el alminar de la mezquita fue reutilizado como campanario
cuando, tras la conquista cristiana, éste fue consagrada catedral.
Hacia comienzos del XIV, este minarete fue derribado y sustituido por una
torre medieval (los muros de los cuerpos inferiores tienen un grosor superior
a los 2 m). A principios del siglo XVII se añadió un cuerpo
más al modo de una contra torre o torre interior, de ladrillo al
interior y sillería al exterior. La construcción del chapitel
en el siglo XVIII le proporcionó un aspecto definitivo.
El sonido de sus campanas ponía en marcha la vida de la ciudad, pero
además de funciones civiles y religiosas, se utilizó como
atalaya y refugio en varias ocasiones.
Dentro del Conjunto Catedralicio se sitúa el Museo Diocesano,
que además de una interesante colección de piezas de orfebrería
y tejidos, reúne preciosas obras de escultura y pintura medieval.
Las excavaciones realizadas en el interior de la catedral (Jardín
Arqueológico) han sacado a la luz restos de la mezquita (siglo
X), de la anterior iglesia, del claustro gótico, de la abadía
y del cementerio de finales del siglo XVIII.
A pocos metros de la catedral se encuentra el Palacio Episcopal.
Cuando en 1571, tras varios años de pleitos, Barbastro recuperó
su categoría de Sede Episcopal, la ciudad se comprometió para
proporcionar a los obispos una residencia acorde con su dignidad.
Al exterior, respondía genuinamente al tipo palacio aragonés.
La torre en el flanco es una reminiscencia de las residencias rurales fortificadas,
un signo de poder del que no pudieron prescindir sus dueños en las
viviendas ciudadanas.
El aspecto actual del palacio, su portada y sus dos miradores, corresponden
a una reforma del siglo XIX.
Plaza
de la Constitución: tres edificios emblemáticos
Al fondo de la plaza, en el centro, se encuentra el Ayuntamiento.
La primera Casa Consistorial fue construida a finales del siglo XV bajo
las órdenes del alarife moro Farag de Gali, maestro de obras del
rey Fernando El Católico.
Del edificio actual, fruto de la profunda transformación que sufrió
hacia 1950, destacan su pequeño alero, los ventanales abiertos en
el piso superior y el balcón de regia forja que abre a la planta
noble. El salón de plenos conserva parte de la decoración
original.
En origen, en el lugar que ocupa la Casa de las Hermanitas de los Ancianos
Desamparados, estuvo la casa solariega de la familia Pueyo. Más
tarde fue la sede del "Casino de La Amistad", uno de los dos que
en el siglo XIX tuvo Barbastro. Finalmente, aquel edificio hoy desaparecido,
acogería la primera casa de Hermanitas, orden fundada en Barbastro
en 1873 por Santa Teresa Jornet y por el canónigo e historiador de
la ciudad, Saturnino López Novoa.
Cierra la plaza el Colegio de los Escolapios, el primero (1677) que
tuvieron los Padres Escolapios en España, activo en la actualidad.
La iglesia, de tipología jesuítica, tiene planta de cruz latina,
cúpula sobre crucero y una nave longitudinal de gran altura a la
que abren capillas, sobre las que se sitúan las tribunas. Capiteles,
pilastras adosadas, molduras y cornisas, remiten al lenguaje decorativo
del barroco más clasicista. Su interior contiene pinturas del artista
barbastrense Francisco Zueras.
En los muros que dan a la calle Argensola puede verse un tosco escudo: recuerda
que la Ciudad de Barbastro donó este terreno (en el pasado una calle)
para erigir allí la iglesia
Desde la iglesia de los Escolapios se accede a la antigua Calle Mayor, que
nos conduce a los siglos del renacimiento. El edificio conocido como Casa
Latorre o "Casa Zapatillas" acoge la sede en Barbastro
de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).
La fachada de ladrillo, la galería de arcos y el alero de madera
remite al modelo de vivienda generalizado en el siglo XVI en las ciudades
aragonesas entre las clases acomodadas.
El alero labrado en madera del Palacio Argensola es uno de los más
monumentales de su clase por la fuerza plástica de su espléndida
decoración clásica y renacentista. Los muros de este palacio
han visto nacer a barbastrenses tan ilustres como el General Ricardos, uno
de los grandes militares europeos del siglo XVIII, o los poetas Lupercio
y Bartolomé Leonardo de Argensola, los mejores representantes de
la poesía clasicista de esa época, a caballo entre los siglos
XVI y XVII.
La
plaza del Mercado
Desde sus orígenes, esta plaza ha congregado a numerosos comerciantes
y hortelanos, pero a diferencia de otras plazas españolas no acogió
ningún edificio de poder. Comprar, vender ... éste es el papel
de la Plaza del Mercado, en una ciudad de plazas especializadas que ya contaba
con una Plaza en el Ayuntamiento y otra en la Catedral, expresiones del
poder religioso y civil.
En un extremo se encuentra la Capilla de Santa Ana (siglos XVI-XIX).
Junto a ella se encontraba el almudí (almacén destinado para
la compra y venta del trigo y de otros granos), lo que hacía que
a menudo, el polvo saturase la iglesia.
Las casa más antiguas, con soportales de baja altura y un marcado
aire popular, conforman un frente compacto y uniforme. El tiempo y los cambios
de gusto que cada época trajo consigo, fueron transformando este
escenario para la vida cotidiana de los barbastrenses.
Hacia 1926 vio la luz un proyecto que contemplaba la construcción
de edificios de tipo historicista como los Almacenes San Pedro o
Casa Calonge (neomudéjar). Finalmente en 1975 se construiría
el Centro Cultural Entrearcos en el solar de la casa natal de San Josemaría
Escrivá de Balaguer. Inspirado en el estilo tradicional aragonés,
fue construido a base de piedra labrada, ladrillo visto, dinteles de hormigón
abujardado y teja árabe antigua.
El
río, los puentes, las fuentes
Continuando por la calle Argensola llegamos al río. La orilla derecha
del Vero estuvo protegida por fuertes murallas sobre las que más
tarde se edificarían las casas. Éstas, de considerable altura,
forman un frente compacto y macizo. El acceso a Barbastro desde la orilla
izquierda sólo era posible mediante los puentes que conectaban con
las puertas de la ciudad.
El Puente del Portillo fue construido en el siglo XX de forma similar
al que allí hubo. Aquél, de ladrillo y tres ojos, debió
de ser construido hacia 1600 y fue volado en la última Guerra Civil.
El Puente de San Francisco, así como la puerta que conectaba
con él, recibió su nombre del convento de franciscanos que
se había establecido cerca en el siglo XIII.
En la orilla izquierda del Vero hubo tres fuentes públicas,
que dieron nombre a la calle del Arrabal que conduce a ellas. La del Azud
y la del Vivero, desaparecieron con la canalización del río;
la de San Francisco, una de las mejores de Aragón, aún perdura.
Su construcción fue encargada por el Concejo de la Ciudad en 1553,
en un lugar al que llegaba el agua conocido como "Fuente de los Frayles",
al escultor maese Jaques de Guertch, que diseñó una traza
de marcado aire renacentista, y al consumado cantero Juan de Araçil.
La ejecutaron tan sólo en 5 meses, con blanquísima piedra
de las cercanas canteras de Fonz.
San
Francisco El Arrabal, un área de la ciudad que quedaba fuera del principal
recinto amurallado de la medina, se empezó a desarrollar en el siglo
IX, durante la época islámica. En la Plaza de San Antonio,
adyacente a la Iglesia de San Francisco, se encuentran los restos -no visibles
por el momento- de unos baños públicos (siglo X), que contaban
con varias salas abovedadas y cabezas de leones a modo de surtidores.
En esta área de la ciudad (el Arrabal) se fundó el convento
de San Francisco, entre los siglos XIII y XIV, coincidiendo con el periodo
de expansión de las órdenes mendicantes. En la Plaza de San
Antonio se puede reconocer la planta del antiguo claustro y el trazado de
sus muros con las pequeñas ventanas de las celdas, hoy transformadas
en casa particulares.
En el siglo XVI y XVII la iglesia medieval se transformó y la amplia
nave se cubrió con bóvedas de crucería estrellada.
Ya en el siglo XVII se añadieron nuevas capillas como la de los Claramunt,
con pinturas murales y un bonito zócalo de azulejos de Muel (Zaragoza).
Por una escalera se desciende a una cripta abovedada. Allí hay un
banco corrido dividido en quince sitiales tallados en piedra. En este banco
se colocaban los cuerpos de los difuntos; los muros de la cripta servían
de respaldo a los cadáveres. Algún tiempo después de
la construcción de la cripta se debió de cuestionar la bondad
de este sistema de enterramiento y se rebajaron los brazos de algunos sitiales
para colocar sobre el banco ataúdes de madera.
Una pequeña capilla, cubierta con bóveda de crucería
estrellada de hermoso trazado, está dedicada a Ceferino Giménez
Malla "el Pelé", un honrado tratante de mulas, gitano,
beatificado en 1997 por el Papa Juan Pablo II.