San Valero, natural de Zaragoza, hijo de una de las ilustres familias de la ciudad, y uno de los más célebres prelados que tuvo la Iglesia de España ; su vida se desarrollo entre los siglos III y IV.
Fue obispo de Zaragoza,y se dedicó,a cumplir fielmente su oficio pastoral.En los últimos años de su episcopado no podía cumplir con el cargo de la predicación, por lo que fue llamado "el tartamudo". Pero encontró un magnífico ayudante en el diácono Vicente, hijo de Huesca, hombre elocuente, altavoz y brazo largo de su obispo.
A principios del siglo IV, Diocleciano y Maximino desencadenaron una cruel persecución contra la Iglesia, principalmente contra obispos, presbíteros y diáconos. En España encontraron un fiel ejecutor de sus órdenes. Era Daciano, gobernador de Tarraco, aplico las leyes que llegaban de Roma con el máximo rigor y sadismo.
Valero y Vicente,fueron prendidos y trasladarlos a Valencia para ser allí juzgados. Daciano pretendio convencer a Valero para que renunciara a su fe e incluso llegó a pedirle que ordenase a sus fieles practicar la idolatría como iba a hacer él.
Indignado el obispo ante tal propuesta, y debido a su dificultad en hablar, rogó a su fiel diácono que confesase por los dos su inquebrantable fidelidad a Jesucristo. Vicente, lo hizo con gran ardor y celo, a la vez que atacó los errores de la idolatría. Ofendido Daciano por aquella osadía, juzgo a muerte a Vicente en Valencia, y desterro a Valero en el pueblo de Enate, cerca de Barbastro,en pleno corazon de de la Comarca de Somontano de Barbastro, donde vivió unos doce años, dedicado a la oración y a la penitencia en el templo que había hecho edificar en honor de su diácono, una vez conocido su martirio. San Valero falleció en el año 315 y fue enterrado en Estada, lo que se confirma por los restos funerarios hallados en una villa romana paleocristiana amurallada, que debió llamarse Villa Stata, origen de la población actual.
Los venerables restos del santo obispo, como era frecuente entonces por ser muy veneradas y solicitadas las reliquias, sufrieron varios traslados. Estuvieron primero en el castillo de Estada. En el siglo XII fueron trasladados a Roda de Isabena. Algunas reliquias insignes fueron llevadas a Zaragoza y colocadas en una urna, regalo según se dice del cardenal Pedro de Luna. La ciudad recibió las reliquias con grandes festejos religiosos y populares. Las multitudes acudían a venerarlas y contaban luego los muchos beneficios recibidos. San Valero es patrono de Zaragoza, Enate y Estada. |